Las 3 cosas más importantes cuando se cocina con cannabis

La cocina con cannabis cuenta cada vez más seguidores. Los motivos pueden ser varios, como por ejemplo que es un sistema de consumo muy saludable. Y por supuesto es una opción genial para los no fumadores.

También cada vez son más las personas que dejan atrás sus prejuicios sobre esta planta y comienzan a consumirla para aliviar dolores y náuseas, tratar el insomnio, la ansiedad o la depresión.

Además, la cocina con cannabis no tienes límites. La imaginación y las habilidades de cada persona decidirán hasta donde llegar. No tiene que ser necesariamente siempre un té, un bizcocho o unas galletas.

A la hora de cocinar con cannabis o con cualquier tipo de derivado como hachís, BHO, o Rosin, conviene tener en cuenta varios aspectos para que la experiencia dé como resultado una buena experiencia.

En este artículo te contamos lo que necesitas saber para introducirte en el apasionante mundo de la cocina con cannabis para no pasar malos momentos,

La descarboxilación

Antes de nada, debemos tener en cuenta que la marihuana en verde no contiene THC, que es el principal compuesto psicoactivo del cannabis.

Todos los cannabinoides están en su estado ácido (THCA, CBDA…). Podríamos comernos un gran cogollo crudo y no notar apenas nada, puesto que el THCA no es psicoactivo.

La descarboxilación es un proceso natural, mediante el cual los cannabinoides pasan de su estado ácido a su estado neutro. Este proceso se produce muy lentamente durante el curado.

Pero es al aplicar determinada temperatura a la hierba cuando el THCA se transforma en THC más rápidamente. Al fumar, la descarboxilación se produce al instante y es por lo que el cannabis coloca.

Por todo esto, al cocinar con cannabis y especialmente con recetas en frío como pueden ser batidos, ensaladas o aderezos, previamente debemos descarboxilar la hierba.

Para ello es tan sencillo como meterla en el horno a 105-120 ºC durante unos 30 minutos. Este paso previo es importantísimo si se quieren apreciar realmente los efectos psicoactivos de la hierba.

Pero, por otro lado, el THCA tiene también unas propiedades terapéuticas similares a las del THC, pero sin efectos psicoactivos. Resulta también muy interesante para los que busquen exclusivamente un uso terapéutico.

En recetas en las que requieran cocinado u horneado, no es necesario esta descarboxilación previa.

Los ingredientes de la cocina con cannabis

También se debe tener en cuenta que los cannabinoides no son hidrosolubles, es decir que no se disuelven en agua. Añadir un cogollo a un vaso de agua hirviendo no sirve de nada, pues los tricomas, que es donde se concentran principalmente los cannabinoides, no se disolverán.

Podremos sacar el cogollo y observar que aunque empapado, conservará sus tricomas, salvo alguno que se pudo haber desprendido, y que en todo caso reposará intacto en el fondo del vaso.

Los cannabinoides son liposolubles, es decir que se disuelven en grasas o aceites. Así que podremos usar cualquier tipo de receta que o contenga grasa o aceite, o se les pueda integrar una pequeña cantidad de grasa o aceite.

Algo muy habitual entre los habituales de la cocina con cannabis, es hacer una mantequilla o aceite cannábico y tenerlo a mano para usar cuando se necesite.

Prácticamente, cualquier receta acepta estos dos ingredientes, así que las opciones son múltiples. Pastas, carnes, pescados, ensaladas, postres…

Hacerlos es muy sencillo y en la nevera aguantan bastante tiempo. Podremos manejar las concentraciones que deseemos para ajustarlas a las necesidades de cada momento.

La dosis

Es un aspecto al que se le debe tener el máximo respeto en la cocina con cannabis. El cannabis fumado o vaporizado tiene unos efectos inmediatos y en pocos segundos se comienzan a apreciar intensamente.

Pero la marihuana ingerida tiene un proceso de asimilación más lento al tener que pasar primero por el aparato digestivo. Lo habitual, es que hasta pasada una hora no se comiencen a apreciar los efectos.

Un consumidor que habitúe a fumar cannabis, conoce sus límites y sabrá cuándo está fumando más de la cuenta. En estos casos se suele aparcar un rato el porro.

Con los efectos al ser casi instantáneos, es en otras ocasiones el propio cuerpo el que dice basta antes de llegar a una intoxicación, la cual todo sea dicho es muy poco común con el cannabis fumado.

Pero, en cambio, con unos efectos tan retardados como cuando se ingiere, puede llegar a ser muy fácil excederse con la dosis sin ser consciente de ello.

Las intoxicaciones por cannabis ingerido son bastante más comunes y los efectos muy desagradables. Pero afortunadamente, un buen sueño reparador es suficiente para superarla sin mayor problema.

Una buena dosis de entrada son unos 0,3-0,5 gramos de cannabis “por persona”. Es decir que si vas a hacer un bizcocho para compartir con 4 amigos, una buena dosis serían 3-5 gramos de cogollos.

Así podréis hacer 10 raciones, dos para cada uno. Si tras la primera y pasado un tiempo prudencial queréis unos efectos más intensos, comeos la segunda. Solo la experiencia hará que cada uno ajuste las dosis a sus necesidades o gustos.

fuente

Autor: Bruno

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