FELIZ DIA DE ANDALUCIA

FELIZ DIA DE ANDALUCIA

Por: Raro Genetics

Este mes hablaremos de las últimas tendencias en vaporizadores cannábicos y cómo la industria está evolucionando rápidamente. De esta forma sabréis hacia dónde están enfocando los fabricantes el desarrollo de sus máquinas de vapor. De hecho, de estos avances dependerá en gran medida nuestra forma de vaporizar en el futuro más próximo.
Si hace unos años utilizar un vaporizador era de gente “rara”, cada vez son más los usuarios de cannabis que deciden consumir sus esencias mediante la vaporización. Este cambio ha venido acompañado –como no podía ser de otra manera– de un aumento de fabricantes de vaporizadores.
Este fenómeno puede compararse al ocurrido durante la última década con los teléfonos móviles. La evolución que van experimentando los vaporizadores se produce casi a diario, apareciendo constantemente nuevos modelos con grandes mejoras. [Leer más sobre la revolución del vapor]. Estas mejoras hacen que el modelo anterior se nos haga anticuado y provocan la adquisición del nuevo, ya que somos muchos los que queremos disfrutar de lo más avanzado, ya sea por temas relacionados estrictamente con la salud o simplemente por estar a la última.
A esto hay que añadirle que los vaporizadores de buena calidad no son baratos, por lo que la industria de la vaporización es una de las que más efervescentes dentro del sector cannábico.
Aumentar la autonomía de los vaporizadores cannábicos portátiles ha sido siempre una prioridad para la mayoría de fabricantes. En un principio, los modelos portátiles apenas tenían autonomía para unos minutos, y esto limitaba el consumo a los usuarios y que se veían abocados a estar conectados a la electricidad si querían disfrutar de una larga sesión de vaporización. [Leer más sobre la propuesta de los clubes de cannabis para volver a la actividad]. Por ello, algunos fabricantes pensaron que lo ideal sería usar gas en lugar de electricidad –funcionamiento similar al de un mechero– pero esto no gustó a todos los vaporetas, ya que producen olores y sabores peculiares.
De ahí que se retrocediera y se volviera al uso de las baterías convencionales, de corta duración y escasa potencia. Baterías que, a día de hoy, están siendo remplazadas –en los nuevos modelos– por baterías de mayor capacidad y fuerza. Esto consigue que los vaporizadores portátiles puedan durarnos más de una jornada de uso intensivo.
Esta nueva generación de baterías suele ser reemplazable, por lo que podemos aumentar la autonomía de nuestro vaporizador con solo adquirir alguna batería extra. No podemos olvidar que suelen ser universales, para facilitar el desarrollo de nuevos cargadores también universales, como ya ha ocurrido con los teléfonos móviles. Dichos cargadores tienen casi siempre una conexión micro USB, y los podemos encontrar de diferentes modelos y formas de carga que pueden ir desde la conexión común de enchufe a la carga solar –cabe recordar que incluso podemos aprovechar la luz de nuestro cultivo para recargar las baterías del vaporizador–, sin olvidar la carga mediante el mechero de coche. Estos cargadores consiguen que las baterías estén totalmente cargadas en menos de una hora, algo impensable hace tan sólo un lustro. Precisamente, la rapidez de carga y la mayor autonomía han propiciado que dispongan de mayor potencia, hecho que se verá reflejado en el calentamiento.
Aún recuerdo cuando me compre mi primer vaporizador, pese a ser eléctrico tardaba –y tarda que aún lo tengo y funciona– en calentar unos quince minutos. Una vez transcurrida esa larga espera, por fin podías vaporizar, por llamarlo de alguna manera. Hoy día esto ha cambiado drásticamente, tanto en los vaporizadores de sobremesa como en los portátiles.

En cuanto a los de sobremesa, apenas tardan en calentar tres o cuatro minutos. Esto se debe a que los vaporizadores actuales poseen cámaras de calentamiento más eficaces y carentes de pérdidas de calor como ocurría en los primeros modelos o incluso en los vaporizadores actuales low cost. Con esta eficiencia no sólo conseguimos una mayor rapidez en el calentamiento, sino que además propiciamos un enorme ahorro eléctrico, llegando a gastar la mitad de energía un vaporizador actual –de buena calidad– que algunos modelos antiguos. Esta eficiencia también consigue que el calor quede encapsulado, evitando posibles quemaduras, ya que las partes externas del vaporizador apenas se calientan.
Si nos fijamos en los vaporizadores portátiles, las diferencias en el calentamiento de los modelos primitivos y los actuales son más que notables. Mientras que el calentamiento antes tardaba una eternidad, ahora los vaporizadores top tardan apenas 40 segundos en pasar de 0 a 200 grados Celsius. Al igual que ocurre en los vaporizadores de sobremesa, los vapos portátiles también encapsulan con mayor eficacia el calor. La principal razón de esta rapidez son las baterías, que consiguen mandar mayor potencia al sistema de calentamiento y aceleran mucho el proceso.
También cabe destacar que cada vez son más los modelos que combinan varios sistemas de calentamiento para aumentar su rapidez, consiguiendo resultados muy sorprendentes –apenas 20 segundos de 0 a 200– aunque esta combinación aún está poco desarrollada debido al encarecimiento en los costes de producción.
Al igual que las baterías, los termostatos son otra de las grandes evoluciones en la funcionalidad de los vaporizadores cannábicos. Este cambio lo podemos apreciar de dos formas:
Como todo negocio, la industria de la vaporización se mueve por la ley de la oferta y la demanda. De ahí que al extenderse a nivel mundial el uso de cannabis medicinal, sean muchos los fabricantes de vaporizadores que buscan obtener una certificación para su uso medicinal. Estas certificaciones las suelen otorgar laboratorios especializados en testar instrumental médico. Suele comprobarse tanto la eficacia del vaporizador como los materiales en los que está fabricado. Se llevan a cabo diferentes test, como puede ser mantenerlo a máxima temperatura durante horas y comprobar así que tras un sobrecalentamiento no desprende ninguna sustancia insalubre.

En la actualidad ya son cinco los modelos certificados para uso en hospitales, de los cuales cuatro han sido certificados en el último año. Por ello, esta cifra seguro que aumentará muy pronto.
Esta carrera en busca de la certificación para uso medicinal también ha propiciado que los fabricantes sustituyan los plásticos de dudosa procedencia por materiales revolucionarios como la cerámica de zirconia, material veinte veces más duro que el cristal que no deja ningún tipo de residuo en nuestro preciado vapor.
Dada la expansión del cannabis tanto a nivel medicinal como recreacional, y como son muchos los países en los que no está permitido el consumo de cannabis, los fabricantes se preocupan cada vez más de producir modelos que pasen desapercibidos. Por ello la última tendencia es fabricar modelos de menor tamaño y redefinir las líneas de los modelos más populares, eso sí, conservando su esencia interior.
Ya son varios los fabricantes que han implementado un vaporizador en utensilios usados en el día a día, como puede ser una memoria USB o la llave de un automóvil. Este tipo de vaporizadores cannábicos son ideales para consumidores medicinales que necesitan pasan desapercibidos en caso de necesitar usar el vaporizador en un lugar público –imaginad que necesitan paliar un brote–.
Tampoco podemos obviar que los consumidores meramente recreativos buscan modelos cada vez más pequeños y con la posibilidad de ser trasportados. Por último, los vaporizadores empiezan a convertirse en productos coleccionables, de ahí que los fabricantes, además de manufacturar máquinas de vapor efectivas, deben ofrecer cierto estilo. Hay modelos que incluso disponen de diferentes fundas y/o carcasas para personalizar al máximo nuestro vaporizador.
Pese a que no hace ni un año se pusieron muy de moda las aplicaciones para combinar el teléfono móvil y el vaporizador, a día de hoy, tanto los fabricantes como los usuarios, han perdido interés. Ciertamente, estas aplicaciones pueden ser útiles para algunas cuestiones puntuales, como cambiar la temperatura preajustada por el fabricante o controlar el número de inhalaciones realizadas, su utilidad no va más allá.
No podía terminar este artículo de Cannabis Magazine sin recordaros que la vaporización es la forma de consumo de cannabis más eficaz y saludable.
¡Yo vaporizo!


Se analizaron, en un estudio publicado en Substance Use & Misuse, 1.160 videoclips del Top 100 de YouTube 2024 en dos mercados –Estados Unidos (habla inglesa) y Alemania (habla alemana)– y concluyó que el 41% incluye al menos una referencia a cannabis y nicotina. La investigación advierte que esta iconografía, especialmente concentrada en el hip-hop/rap, puede aumentar la exposición de adolescentes a conductas de consumo normalizadas en pantalla.
YouTube es una plataforma global donde los códigos estéticos se vuelven lenguaje común para quienes los consumen. En el rap, el humo y los dispositivos –cigarrillos, vapeadores, porros o blunts– aparecen como elementos de identidad y pertenencia. Esa repetición, sumada al alcance masivo de los videos, fue el punto de partida del análisis realizado por Matthis Morgenstern, Eddy Süßkow, Clemens Neumann y Reiner Hanewinkel (IFT-Nord, Alemania).
La primera foto del estudio muestra que en el hip-hop/rap, el 59,5% de los vídeos mostró nicotina o cannabis; en el resto de los géneros, solo el 10,1%. Para estimar la magnitud del contacto, el equipo no se limitó a contar escenas y calculó una medida de “exposición” multiplicando ocurrencias por visualizaciones acumuladas (registradas en marzo de 2025). Así, identificó 4.478 apariciones y proyectó 57 mil millones de impactos relacionados con el tabaco y 49 mil millones de impactos de cannabis.
![Boosie Badazz – “Pretty Girls and Weed” [Music Video]](https://canamo.net/sites/default/files/styles/body_xxl/public/images/2026/01/29/Boosie-Badazz-%E2%80%93-%E2%80%9CPretty-Girls-and-Weed%E2%80%9D-%5BMusic-Video%5D.jpg.jpg?itok=XDNFZXRi)
La comparación entre países abre otra capa de lectura. En el hip-hop/rap alemán predominó la aparición de dispositivos relacionados con la nicotina (38,0%), mientras que en el estadounidense fue mucho menos frecuente (8,8%). Sin embargo, con el cannabis ocurrió lo inverso y apareció más en Estados Unidos (37,2%) que en Alemania (9,4%).
Aunque la preocupación por estas imágenes circula desde hace años, el valor de este trabajo está en poner cifras comparables entre mercados y en traducir “apariciones” a alcance real. En un ecosistema donde la audiencia joven consume música como en una suerte de loop interminable, la estética funciona también como una especie de pedagogía o modelo a seguir.
Es importante destacar que el debate que propone la investigación no pasa por censurar un género, sino por reconocer cómo opera la economía de la atención y cómo el consumo se vuelve un recurso narrativo rentable dejando una frontera porosa entre representación y promoción. Si la plataforma está diseñada para exponer lo que retiene miradas lo urgente es discutir reglas de visibilidad sin dejar la conversación en manos del algoritmo.
Noticias / Mundo

El CBD para perros ha ganado popularidad en los últimos años como una alternativa natural para tratar diversos problemas de salud en nuestras mascotas. El cannabidiol (CBD) es un compuesto extraído de la planta de cannabis, pero a diferencia del THC, no tiene efectos psicoactivos. Esto lo hace seguro para los animales, ya que no provoca los efectos de «colocón» que suelen asociarse con el consumo de cannabis. Pero, ¿cómo puede beneficiar realmente el CBD a tu perro?
En muchos casos, los dueños de mascotas recurren al CBD para perros para tratar problemas de ansiedad, dolor crónico o problemas de movilidad. Es importante entender que no todos los productos de CBD son iguales, por lo que es fundamental asegurarse de que el producto que elijas esté diseñado específicamente para animales. Desde aceites y golosinas hasta cápsulas, las opciones son diversas, pero todas deben ser de alta calidad para garantizar la seguridad y eficacia.
Si alguna vez has visto a tu perro sufrir por artritis, ansiedad por separación o incluso estrés debido a ruidos fuertes, el CBD podría ser una solución que aporte alivio. La investigación sobre los efectos del CBD en los animales está en aumento, y muchos dueños de mascotas ya han reportado mejoras notables en la salud y el bienestar de sus perros. En este contexto, exploraremos cómo el CBD para perros puede ayudar, cómo elegir el producto adecuado y qué precauciones debes tomar antes de darle CBD a tu amigo peludo.
El CBD es un cannabinoide no psicoactivo que se encuentra en la planta de cannabis. A diferencia del THC, el CBD no tiene efectos embriagantes y, en cambio, interactúa con el sistema endocannabinoide del cuerpo para promover el equilibrio y el bienestar. En los perros, el CBD puede ayudar a aliviar diversos problemas de salud, desde dolor hasta problemas de comportamiento.

La dosis correcta de CBD para tu perro depende de varios factores, incluyendo el tamaño, el peso y la condición específica que estás tratando. Generalmente, los fabricantes proporcionan tablas de dosificación en sus productos, pero es recomendable comenzar con una dosis baja e ir ajustándola si es necesario. Algunas de las formas más comunes de administrar CBD a tu perro son:
Es crucial elegir productos diseñados específicamente para perros, ya que estos están formulados teniendo en cuenta su biología y necesidades.
Aunque el CBD es generalmente seguro para los perros, es esencial tener en cuenta algunas precauciones. Primero, asegúrate de elegir productos de alta calidad que sean específicamente para mascotas. El CBD para humanos puede contener ingredientes que no son adecuados para los perros, como el xilitol, que es tóxico para ellos.
Además, al igual que con cualquier suplemento, es importante monitorear a tu perro después de administrar CBD para asegurarte de que no tenga reacciones adversas. Aunque los efectos secundarios del CBD son raros, algunos perros pueden experimentar sedación excesiva o diarrea si la dosis es demasiado alta. Si notas algo fuera de lo común, reduce la dosis o consulta a tu veterinario.
Al seleccionar un producto de CBD para perros, asegúrate de verificar varios aspectos importantes para garantizar que estás eligiendo lo mejor para tu mascota:

Aunque muchas personas reportan resultados positivos al usar CBD para perros, es importante recordar que no todos los perros responderán igual. Algunos pueden experimentar una mejora significativa, mientras que otros pueden no notar una diferencia. Los estudios sobre los efectos del CBD en los perros todavía están en sus primeras etapas, y cada perro es único.
Para aquellos que han probado el CBD y han visto mejoras, no cabe duda de que es una opción valiosa. Si estás considerando usar CBD para tu perro, asegúrate de consultar con tu veterinario, especialmente si tu mascota tiene alguna condición médica preexistente o está tomando otros medicamentos.
Si estás buscando una forma natural de ayudar a tu perro con la ansiedad, el dolor o la falta de sueño, el CBD para perros podría ser una excelente opción. Recuerda siempre elegir productos de alta calidad y consultar con un profesional para asegurar la seguridad y eficacia de su uso.
Por Raúl del Pino

El Real Decreto de 2025 abre por fin una vía de cannabis medicinal, pero el modelo punitivo sigue intacto: multas, inseguridad jurídica en los clubes y un debate adulto que el Parlamento aún esquiva.
En España tenemos una relación peculiar con las drogas: convivimos con ellas como quien convive con una humedad antigua en el techo. Sabemos que está ahí, aprendemos a mirar hacia otro lado, y de vez en cuando —cuando cae una gota en medio del salón— llamamos al fontanero y le pedimos un apaño rápido. Mientras tanto, la estructura sigue deteriorándose.
Lo que está ocurriendo en Estados Unidos con el cannabis —esa constatación de que los cambios profundos no nacen siempre en las agencias federales, sino en el terreno, en los estados, en la vida real— debería interpelarnos. Aquí no tenemos “estados” al estilo americano, pero sí un país territorialmente complejo, con autonomías, ayuntamientos, realidades sociales muy distintas. Y también aquí hay una lección: si la política pública no se atreve a regular lo que ya existe, acaba castigándolo de forma desigual y administrándolo de forma hipócrita.
El Gobierno aprobó en octubre de 2025 un Real Decreto que regula por primera vez en España el uso medicinal del cannabis mediante fórmulas magistrales tipificadas elaboradas a partir de preparados estandarizados, con un registro asociado gestionado por la AEMPS. Es un paso serio, tardío y necesario. Y conviene decirlo sin ironía: para muchos pacientes, significa por fin salir del limbo y del “a ver si te lo consiguen”.
Pero el propio diseño del decreto revela la filosofía de fondo: medicalizar para acotar. La norma no es una puerta abierta, sino un pasillo estrecho: condiciones de prescripción, control, estandarización, registro. Lo sanitario como coartada tranquilizadora. Y, sin embargo, la gran pregunta permanece intacta: ¿qué hacemos con el consumo adulto, con el mercado ilegal, con la educación, con la reducción de riesgos, con la desigualdad punitiva?
Porque, mientras celebramos (con razón) la vía medicinal, seguimos sosteniendo un sistema en el que el consumo y la mera tenencia en espacios públicos se castigan administrativamente con dureza. La Ley Orgánica 4/2015 —la famosa “ley mordaza”— tipifica como infracción grave el consumo o la tenencia ilícitos de drogas en lugares públicos. Y esa herramienta se ha convertido en una máquina de sanción cotidiana.
El dato es elocuente: más del 60% de las multas vinculadas a la “ley mordaza” han estado relacionadas con consumo o posesión de drogas, según cifras recopiladas por El País.
Traducido: no estamos “ganando” ninguna guerra; estamos recaudando y estigmatizando, con un impacto que no se reparte por igual. Quien tiene casa grande consume puertas adentro; quien vive en un piso compartido o en la precariedad, queda expuesto a la calle, al control y a la sanción. La desigualdad también fuma.
España inventó —o al menos perfeccionó— un fenómeno singular: los clubes sociales de cannabis. Nacieron como respuesta comunitaria a la prohibición, intentando encajar en la idea de consumo compartido y autoconsumo. Pero el problema de construir soluciones sociales sobre arenas movedizas es que, tarde o temprano, el suelo cede.
La jurisprudencia del Tribunal Supremo ha ido delimitando con contundencia que ciertos modelos de cultivo y distribución organizada en clubes pueden constituir delito, al entender que no encajan en un “consumo compartido” no punible. Y, en términos generales, la inseguridad jurídica ha sido la norma: asociaciones legales, actividades bajo sombra penal.
Barcelona intentó ordenar urbanísticamente el fenómeno; el resultado acabó estrellándose contra el límite competencial: el Supremo confirmó la nulidad del plan urbanístico de clubes por invadir, en la práctica, un terreno que roza legislación penal y salud pública.
Moraleja: las ciudades pueden gestionar locales, pero no pueden legislar el corazón del problema. Y las autonomías, por sí solas, tampoco. Falta política estatal, y falta valentía.
Quien crea que “no hay propuestas” se equivoca. En la XV Legislatura se registró una Proposición de Ley de Regulación Integral y Control del Cannabis en Personas Adultas. Existe un texto, existe un número de iniciativa, existe un debate latente.
Lo que falta es decisión política para asumir el coste —que siempre se exagera— y explicar al país algo sencillo: regular no es promover; regular es gobernar.
Y gobernar, en este asunto, significa al menos tres cosas:
El mundo se está moviendo también en el terreno de los psicodélicos. En España el debate crece —con congresos, investigación, y una comunidad científica y clínica cada vez más articulada—, mientras la AEMPS impulsa iniciativas para acelerar ensayos clínicos multinacionales en la UE. Si uno mira ese mapa, entiende que el país no está al margen de la innovación terapéutica.
Pero, de nuevo, aparece el mismo dilema que en el cannabis: si lo dejamos todo en manos de la “puerta médica”, corremos el riesgo de que la realidad social discurra por otro carril. La vía clínica puede traer tratamientos estandarizados, protocolos, supervisión. Bien. Pero si la demanda existe y la prohibición permanece, la clandestinidad encuentra su manera. Y la clandestinidad nunca es neutral: penaliza al paciente sin recursos, al consumidor desinformado, al joven sin red.
Aquí convendría aprender de otros: avanzar con prudencia no significa inmovilismo. Significa construir un marco que diferencie sustancias y riesgos, que no meta todo en el mismo saco, y que combine investigación, regulación y reducción de daños.
El Estado español ha sido muy bueno administrando una ficción: “no es legal, pero pasa”; “no se vende, pero circula”; “no se regula, pero se multa”. Ese equilibrio es cómodo para el poder porque evita debates incómodos. Pero es cruel para la sociedad porque convierte la política de drogas en una lotería moral y económica.
La vía medicinal de 2025 demuestra algo importante: cuando se quiere, se puede regular.
Lo que falta es extender esa lógica —con matices, con controles, con límites— al uso adulto, a la fiscalidad, a la educación y a la convivencia. Si no lo hacemos, seguiremos atrapados en un modelo que castiga en la calle lo que tolera en la intimidad, y que convierte la salud pública en una excusa para el control, en lugar de en una razón para cuidar.
Regular el cannabis (y preparar el terreno para debates serenos sobre otras sustancias) no es rendirse. Es asumir lo obvio: la realidad siempre encuentra un camino; la política debe decidir si ese camino lo ilumina la ley o lo gobierna la sombra.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, firma histórica orden ejecutiva para reclasificar el cannabis medicinal, impactando la industria farmacéutica y sus implicaciones económicas a nivel global.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado una orden ejecutiva histórica el pasado 18 de diciembre de 2025 que instruye a las agencias federales a reclasificar el cannabis de la Lista I a la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas. Este cambio supone el reconocimiento formal de su valor médico y sitúa a la planta en la misma categoría que fármacos como la ketamina o los esteroides anabólicos, lo que facilita enormemente la investigación clínica y el desarrollo de nuevos medicamentos.
Aunque la medida no supone una legalización recreativa federal, sus implicaciones económicas son masivas. Al salir de la Lista I, las empresas del sector dejarán de estar sujetas al artículo 280E del Código Fiscal, permitiéndoles deducir gastos operativos y mejorando drásticamente su rentabilidad. Para la industria farmacéutica, este nuevo marco reduce las barreras para ensayos clínicos, permite la supervisión directa de la FDA y abre la puerta a la integración del cannabis medicinal en sistemas como Medicare.
Desde el sector europeo, Raúl del Pino, director de comunicación de Spannabis, señala que este movimiento actuará como un catalizador global. La normalización en EE. UU. —un mercado de 32.000 millones de dólares— impulsará la inversión en I+D de cannabinoides y obligará a Europa y España a acelerar sus marcos regulatorios para no perder competitividad en una cadena de valor que ahora cuenta con una mayor previsibilidad jurídica y financiera.
Fuente: https://farmaindustrial.com/

El Consejo de Estado italiano concedió una suspensión cautelar al recurso de la asociación Canapa Sativa Italia y empresas del sector. El fallo deja en pausa la sentencia del TAR Lazio y el decreto del Ministerio de Salud (2024) que incorporó las preparaciones orales de cannabidiol (CBD) obtenido de extractos de cannabis a la tabla de medicamentos controlados del DPR 309/1990. La audiencia de fondo fue fijada para el 7 de mayo de 2026.
La medida tiene un efecto que permite, de forma inmediata, que el mercado de aceites y otras fórmulas orales con CBD siga operando mientras se discute el caso. El tribunal advirtió que la ejecución inmediata podía causar perjuicios económicos y laborales difíciles de reparar y pidió un examen más profundo, también a la luz del derecho europeo.
El decreto, publicado en la Gazzetta Ufficiale, ordenó insertar en la Sección B de la tabla de medicamentos del DPR 309/1990 las “composiciones para administración oral de cannabidiol obtenido de extractos de cannabis”. Con el argumento del principio de precaución, el cambio empujaba estos productos al circuito de farmacia y receta, estrechando el canal minorista del CBD no intoxicante.
El litigio, sin embargo, se inscribe en una disputa más amplia sobre el cáñamo. Las asociaciones denuncian que se autoriza el cultivo de variedades certificadas, pero se intenta reducir los usos de la planta a fibra y semilla, dejando en zona gris flores, hojas y derivados. En 2025, el “decreto sicurezza” añadió un artículo 18 para prohibir la cadena de inflorescencias; ese punto hoy se discute ante la Corte Constitucional tras una cuestión planteada en Brindisi.
El telón de fondo es europeo. En el caso Kanavape (C‑663/18), el Tribunal de Justicia de la UE sostuvo en 2020 que un Estado miembro no puede prohibir el CBD legalmente producido en otro país de la Unión si la restricción no supera un test de proporcionalidad para proteger la salud pública. La OMS también ha señalado que el CBD puro no es psicoactivo y no muestra potencial de abuso, por lo que no debería someterse a control internacional. La cautelar no resuelve el fondo, pero obliga a Italia a justificar con mayor rigor por qué un compuesto no intoxicante merece trato de sustancia controlada hasta mayo de 2026.

El Gobierno de Emiratos Árabes publicó un decreto‑ley federal que regula el cáñamo industrial para usos médicos e industriales. Autoriza importar semillas, cultivar, procesar y comerciar derivados bajo licencias y trazabilidad. La apertura busca atraer inversión sin tocar la prohibición del cannabis recreativo.
El texto delimita lo permitido, dejando el consumo personal fuera del marco, igual que los comestibles, suplementos dietarios, productos veterinarios y artículos para fumar. También se prohíben cosméticos con cáñamo, salvo excepciones acotadas —como aceites de semillas o tallos— que deberán contar con permisos adicionales. Cualquier sustancia con potencial narcótico o psicoactivo vuelve al terreno penal.
El control agrícola es central. El cultivo solo podrá hacerse en zonas designadas por cada emirato y aprobadas a nivel federal, cercadas y monitoreadas, con acceso restringido y personal habilitado. El umbral de THC se fija en 0,3% y exige tests periódicos; los excedentes deben reportarse al Ministerio de Cambio Climático y Medio Ambiente, a la autoridad local y a la Autoridad Nacional Antinarcóticos. Cada emirato, además, podrá restringir o prohibir estas actividades.
Para fabricar derivados se requiere licencia local y aprobación del Ministerio de Industria y Tecnología Avanzada, con gestión de calidad y documentación electrónica conectada al sistema nacional de trazabilidad. Importar o exportar demanda permisos del Ministerio de Comercio Exterior y controles de seguridad. El etiquetado deberá incluir número de licencia, concentración del compuesto, indicaciones de uso y advertencias sobre posibles efectos nocivos. La investigación científica queda permitida bajo reglamentación específica.
El decreto crea una estructura de coordinación: El Gabinete podrá actualizar listas de productos permitidos y prohibidos, mientras las autoridades locales otorgan licencias y realizan inspecciones. La Autoridad Nacional Antinarcóticos participa en la supervisión y en la recepción de reportes, integrando el cáñamo al enfoque de seguridad estatal.
Las sanciones mantienen un tono disuasivo con al menos tres meses de prisión y multas desde 100.000 dirhams, además de decomisos y eventuales cierres. En un país asociado a políticas antidrogas duras, el cáñamo aparece como materia prima estratégica, no como giro cultural. Si el nuevo marco genera una industria real, podría tensionar —más temprano que tarde— el debate sobre salud pública, evidencia y proporcionalidad penal.
FELIZA NAVIDAD🎉

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